La magnífica Plaza de Jamaa el Fna

Viaje express para visitar la preciosa Marrakech

Lo mejor de la ciudad imperial en dos días

Mi último viaje ha sido a un destino cercano pero muy exótico, Marrakech. Y es que Marruecos es la puerta de acceso a un nuevo continente, porque aunque estuviera en el norte de África, muy próximo a España, aquí se desprende una diversidad cultural, social y política muy diferente a la occidental.

El vuelo entre Madrid y Marrakech dura menos de dos horas y el precio es asequible para cualquier tipo de economía. No he venido aquí a darle publicidad a Ryanair pero sí que es cierto que tiene tarifas muy seductoras que te animan a explorar ciudades imperiales como la citada Marrakech, Fez o Rabat a un módico precio.

Como sabía que aterrizaría ya entrada la madrugada del viernes, concerté con el dueño del riad el viaje desde el aeropuerto a la ciudad. Por unos 10€ me dejó en la puerta de mi casa temporal. Me acosté pronto pero me desperté bien temprano por el ruido que desprenden esos insoportables altavoces instalados en los minaretes cuando el almuecín llama a la oración. Dormí algo más pero me puse en marcha pronto para hacer turismo, que a eso había venido, no a dormir.

Compré una tarjeta sim para poder tener Internet durante estos 3 días y llegué a la fabulosa Mezquita de Koutoubia, la más importante de la ciudad y una de las más grandes cuando finalizó su construcción (1158). La semejanza con la Giralda es más que evidente y fue construida por el califa almohade Abd al Mu-min. Es, a su vez, el techo de Marrakech, con 69 metros de altura. Verla por fuera impresiona y merece la pena dar una vuelta completa para contemplarla desde todos sus ángulos. Si bien, el acceso al interior está prohibido para los no musulmanes. La ubicación es ideal para pasear por los agradables jardines que la cercan; y para llegar a la Plaza de Jamaa el Fna, que se encuentra a tan solo 300 metros.

La Mezquita de Koutoubia en Marrakech
Los jardines que rodean la fabulosa Mezquita de Koutoubia en Marrakech

Jamaa el Fna, el epicentro de Marrakech

De camino a la famosa plaza de Jamma el Fna, me encontré con unas chicas argelinas con las que hice buenas migas. Les pregunté cómo ir a uno de los palacios y les pedí que me hicieran unas fotos, a lo que accedieron amablemente. También estaban de turismo y fui con ellas hasta la plaza, que luce más de noche que de día pero que impresiona igualmente por su tamaño y por los comerciantes que trabajan en ella. Aquí se vende de todo y yo aproveché para tomar el primero de los muchos zumos naturales (y exprimidos al instante) que bebería a lo largo del viaje.

Fuimos a la terraza del restaurante Cafe de France, que cuenta con una de las mejores vistas panorámicas de la magnífica plaza (si no la mejor). Echamos unas fotos y fuimos a comer a un sitio alrededor de la Medina.

Comida en Marruecos

Tenía ganas de probar la comida marroquí porque no había desayunado y el hambre apretaba. Pedimos algunos platos para compartir, entre ellos el cuscús (de pollo y ternera) y el tajine (carne con patatas, zanahorias y otras verduras). No estaba mal aunque tampoco fue una exquisitez. El camarero nos dio (un detalle de la casa) una jarra de té que con el azúcar y la hierbabuena sí que gustó mucho. Incluso aprendí a servirlo.

Se empezaba a hacer tarde porque el Palacio de la Bahía cerraba a las 17.00h. y apenas tendríamos 40-45 minutos y aunque había leído que estaba un poco destartalado porque las habitaciones estaban vacías, a mí sí que me gustó y la visita se me hizo corta. Merece la pena pagar los 70 dinares de la entrada (6,6 € aproximadamente). Se trata de un palacio del siglo XIX que edificó el visir del sultán Abdelaziz Si Moussa y que pretendía ser el más grande de todos los tiempos.

Palacio de la Bahía, en Marrakech
Palacio de la Bahía, una edificación de finales del s.XIX y de obligatoria parada para el visitante

Ahora bien, su estado actual no es el que debió ser y el que su propio nombre indica: brillantez. El harén de las 4 esposas y las 24 concubinas es la sala más interesante. Es un patio central rodeado de 150 habitaciones que miran hacia el propio patio y a los jardines. La decoración del techo aún permanece visible y aunque a mucha gente le disgusta que las habitaciones estén vacías, a mí no es una cosa que me desagradara especialmente. Me deslumbró más la arquitectura del recinto y su decoración que haber visto enseres de lujo, cómodas y camas. Al parecer, al morir el visir, sus esposas y el propio sultán desvalijaron las estancias.

Acabó la visita y me despedí de las chicas, que tenían una excursión al desierto por la noche. Yo fui al extraordinario Hotel La Mamounia, donde se hospedan los ricos cuando visitan Marrakech. Di una pequeña vuelta por el mismo e hice tiempo hasta que cayera el sol y pudiera ver el célebre atardecer desde el Café de France. Cuando cae el sol la plaza cobra más vida y se ve más colorida. El bullicio es mayor y la atmósfera definitivamente es espectacular. Eché unas cuantas fotos y fui a otra terraza, Le Grande Balcon Cafe Glacier, que también contaba con una estupenda vista panorámica. Ver desde aquí cómo se pone el sol por el lado de la Koutoubia es una sensación única. Ilumina y despierta a toda la plaza.

Atardecer en la Plaza de Jamaa el Fna, Marrakech
El precioso atardecer de la Plaza de Jamaa el Fna, visto desde el Cafe de France

Luego me adentré en el gigantesco zoco y di por casualidad con otra plaza singular, Rahba Kedima (Plaza de las Especias), donde hay un restaurante muy famoso (NOMAD) que tiene otra vista muy agradable. Sí, me encanta echar fotos desde las alturas, no lo niego. De hecho, fui a la terraza de otro restaurante (Cafe Snack Rahba Kedima) que tenía justo enfrente para deleitarme con otra bonita postal nocturna.

Y volví nuevamente a la Plaza de Jamaa el Fna para comer unos pinchitos mixtos (pollo y ternera). El precio es igual en todos los puestos y los comerciantes te atosigan por todos lados hasta que les des el sí y te sientes a comer. Tocaba volver al riad y pese a lo similares que son las calles en todo el zoco, logré ubicarme sin mayores problemas gracias a Google Maps. Al día siguiente me tocaba explorar Essaouira. Pero eso lo podréis leer en otro post 🙂

Último día en Marrakech

Mi avión salía a las 18.30h así que tenía tiempo de sobra para tachar de la lista los otros dos destinos que tenía pendiente visitar. El primero me caía a mano, no muy lejos de la estación de autobuses a donde había regresado anoche. Hablo del Jardin Majorell, un espacio bañado en azul y amarillo y rebosante de plantas exóticas venidas de todos los rincones del planeta. Aquí pasó el diseñador francés Yves Saint Laurent los últimos días de su vida. Es un jardín muy singular por el colorido tan fresco de sus fuentes, casas y las formas tan peculiares de algunas de las plantas. También hay un museo bereber en el lugar donde estaba originalmente su taller.

El Jardin Majorell, un espacio exótico y muy colorido en Marrakech.
Jardin Majorell, un espacio exótico y muy colorido en Marrakech y otrora residencia de Yves Saint Laurent

En la entrada hay siempre que hacer cola, sobre todo por la mañana. Y la visita dura entre 45 minutos y una hora, dependiente del tiempo que te entretengas echando fotos pero es un lugar muy fotogénico donde relajarse paseando y contemplando plantas.

Volví al riad a recoger mi mochila y desde ahí crucé toda la Mediana para despedirme de la Plaza de Jemaa el Fna. No sin antes tomar un par de zumos naturales de granada. ¡Qué ricos están! Anduve hasta coger un autobús que me dejó en los Jardines de la Menara, los más conocidos de Marrakech. Fueron creados en 1870 sobre un antiguo estanque almohade y la imagen es estupenda -si el día ayuda- porque tiene el Monte Atlas de fondo. Y aquí también había turistas, claro; si bien a veces es de agradecer porque así tienes alguien a quien pedirle que te haga fotos.

El Jardín de la Menara y el Monte Atlas al fondo.
El Jardín de la Menara con su gigantesco estaque y el Monte Atlas al fondo.

Y así concluyó mi viaje a Marruecos. A la salida de La Menara cogí el autobús que me dejaría en el aeropuerto y me sobró tiempo para comer tranquilamente y coger el avión sin problemas.

Categories:

3 Responses

  1. Q jodío, q bien vives.
    Gracias por tu información.
    A ver si algún día lo visitamos.
    Enhorabuena por tu información.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *