Uno de los grafitis más simbólicos del muro de Belén

Lo mejor de Palestina en dos días: Belén y Jericó

Por la mañana fui a la estación central de autobuses -la misma que la primera noche- y desde la 7ª planta cogí el autobús con destino a Jerusalén. Era una parada obligatoria de camino a Jericó (Palestina). No había un autobús directo y además yo quería ver la Explanada de las Mezquitas y la Cúpula de la Roca, que tienen un horario muy restringido: de lunes a jueves de 7:30 a 10:30; y de 12 a 13:30. Los viernes y sábados permanece cerrada porque es festivo para los musulmanes. El domingo tiene el mismo horario. De hecho, si no eres musulmán no puedes entrar dentro de la cúpula, sino verla por fuera.

Leí en algún blog que no se podían llevar artículos religiosos, regalos, etc; pero el control de seguridad me pareció de lo más laxo y eso que yo iba cargado con una mochila grande. Supongo que cada uno cuenta la película como la ha vivido.

En el viaje hasta Jerusalén conocí a un chico albanés, Karim, que residía en Turín y se vino conmigo hasta el casco antiguo de la ciudad. Vimos el recinto tan solo unos minutos porque nos llevó casi cuarenta alcanzar la ciudad vieja desde la estación de autobuses. Me explayaré más adelante en describir este magnífico monumento pero por ahora me ceñiré a cómo transcurrió el día. Le propuse a este chico que se viniera conmigo a Jericó (Palestina) y aceptó con gusto. Cogimos el autobús cerca de la puerta de Damasco -la entrada más fastuosa de todas las que hay a la ciudad vieja– y en media hora llegamos a Al Azariyeh o Al-Eizariya, territorio palestino, en ocasiones conocida por su nombre bíblico de Betania.

Aquí se encuentra la tumba de Lázaro, al que Cristo resucitó; y es un lugar tradicional de peregrinaje. Si bien, yo lo desconocía y fue una breve escala para ir a Jericó, ya que el transporte público no llegaba hasta allí. Nos tocó coger un taxi y negociar el precio, como manda la tradición no escrita.

Otro compañero taxista que hablaba inglés me preguntó por mi equipo de fútbol y estuvimos conversando un rato. Tenía un hijo futbolista que ya había cumplido los 20 y estaba intentando buscarle equipo.

En Israel no podía firmar ningún contrato y debía irse fuera. Me enseñó un vídeo de su hijo anotando un gol -nada espectacular, por otra parte- y me preguntó en varias ocasiones que cómo podía darlo a conocer, que dónde podría enviar el vídeo…le dije que llamara al Barcelona o por mail, que buscara algún teléfono de contacto en la web…que yo no conocía a nadie en particular, pero que por ejemplo clubes como el Sevilla y el Betis cuidan y trabajan muy bien la cantera.

Jericó, la ciudad más antigua del mundo

Al final el taxi se llenó porque vino una familia polaca y pagamos 20 shekels por cabeza (unos 5€). Atravesamos el desierto de Judea y el taxista nos dejó cerca del Monte de las Tentaciones, a las afueras de Jericó, la ciudad más antigua habitada en la tierra. La contemplan 10.000 años, nada más y nada menos. Y también es la más baja (está 300 metros por debajo del nivel del mar). En esta montaña de 350 metros de altura, el diablo, según la Biblia, tentó a Jesús tras vagar éste por el desierto durante 40 días y 40 noches sin comida ni bebida. Jesucristo siempre rehusó su invitación pese a la tentadora oferta. Satanás también le ofreció el poder sobre todo los reinos pero Cristo no cayó en la tentación. Hoy en día hay un monasterio griego ortodoxo (construido en 1895) que se puede visitar, pero el más antiguo, de los bizantinos y que data del siglo VI, es inaccesible.

Asimismo, en este preciso lugar, Josué, el profeta bíblico, comandó la misión de conquistar la ciudad parte de la Tierra Prometida. Las murallas de Jericó se derrumbaron cuando los sacerdotes que custodiaban el Arca de la Alianza tocaron los shofarim (trompetas de cuerno de cordero), siguiendo las órdenes de Yahvé. Los israelitas accedieron así a su primer hogar tras el retorno de la esclavitud en Egipto.

El simbólico Monte de las Tentaciones en Jericó.
El simbólico Monte de las Tentaciones en Jericó.

Subimos andando por no pagar el taxi ni el teleférico, y luego lo lamenté porque yo además iba cargando con la mochila y terminó siendo una paliza considerable. Me arrepentí nada más alcanzar a la cima, que estaba más lejos de lo que pensaba. La vista sí que era magnífica, con las palmeras debajo, el desierto…y sobre todo la historia que sabíamos que tenía el lugar.

Desde aquí negociamos para coger un taxi que nos llevara al cercano Palacio de Hashimi, otra atracción turística de la ciudad. Data del siglo VII y hoy en día hay sobre todo ruinas pero estando en Jericó, es una visita obligada. Un conductor al azar, que se encontraba por ahí, nos llevó y nos esperó para llevarnos de vuelta a la ciudad moderna. Le dimos 25 shekels para ir y 20 para volver (estando en teoría más lejos…). Un despiporre, que diría aquél.

Vista de la ciudad de Jericó, sus palmeras y el desierto desde el Monte de las Tentaciones.
Vista de la ciudad de Jericó, sus palmeras y el desierto desde el Monte de las Tentaciones.

Palestina tiene la misma moneda que Israel. Es parte del proceso de ocupación. Comimos algo en el centro de la ciudad y volvimos -nuevamente en taxi- a Al Azariyeh o Al-Eizariya. Había dos plazas libres y le bajé el precio a 15 porque lo que querían era llenarlo. Al bajarnos le di 13 y pico porque no tenía más y no accedió. O sea, eso de que son amables y amistosos…les interesa el negocio como a cualquiera. Ni unos céntimos me perdonaron. Tuvo que poner el resto el albanés.

Jericó, la ciudad más antigua del mundo.
Jericó, la ciudad más antigua del mundo.

Esperamos un transporte más, un autobús que nos llevara a Jerusalén. Y tras rehusar el uso de otro taxi, finalmente apareció el transporte público. De regreso al país vecino, apenas nos pararon. Es más, la policía hizo la vista gorda. No nos preguntaron prácticamente nada, simplemente que de dónde éramos y ni siquiera nos miraron el pasaporte. Había leído y escuchado que el trámite era rápido y es verdad. Solo paran a los palestinos, a quienes hacen bajarse del autobús y mostrarles la documentación.

El Palacio de Hashimi en Jericó
El Palacio de Hashimi en Jericó

Al llegar a Jerusalén me tocó esperar más de una hora para coger el autobús hacia Belén, donde dormiría esa noche. […] Mientras hacía tiempo, entablé una conversación con una mochilera alemana, Sophie. Estudiaba en Tel Aviv y se estaba recorriendo el país con calma porque su erasmus iba a expirar pronto[…].

Belén, el hogar de Cristo

Llegamos a Belén y me dirigí al Hostel Habibi, un lugar tranquilo pero un poco apartado del centro. Cené en un kebab muy próximo al alojamiento y me dormí temprano porque al día siguiente tocaba seguir haciendo turismo.

Por la mañana el sol brillaba y en unos veinte minutos, atajando por las estrechas callejuelas del casco histórico, llegué a la Plaza del Pesebre, donde se ubica la Basílica de la Natividad, uno de los templos cristianos en uso más antiguo. Fue construida sobre la cueva -más conocida como portal de Belén-, donde tradicionalmente se cree que nació Jesús de Nazaret.

La primera edificación de este templo data del siglo IV después de Cristo, por orden del emperador romano Constantino I. A la cueva del nacimiento de la figura más reconocible a nivel mundial, se desciende desde el interior de la basílica por dos escaleras cortas bajo el presbiterio. A ambos lados de éste hay unas escaleras que comunican con la gruta.

Paseando por Belén, la cuna de Jesucristo.
Paseando por Belén, la cuna de Jesucristo.

La gruta es una capilla de reducidas dimensiones, de forma casi rectangular, con un pequeño ábside en el extremo oriental. En él hay un altar y, debajo de éste, una estrella de plata señala el lugar exacto donde se cree que nació Cristo. El piso de la cueva ha sido cubierto de mármol. El lugar del nacimiento está marcado por la estrella de plata que tiene un orificio para poder ver el piso de piedra original. En la estrella están inscritas las palabras: “Hic De Virgine Maria Iesus Christus Natus Est” (Aquí, de la Virgen María, nació Cristo Jesús). Cincuenta y tres lámparas se mantienen aquí encendidas día y noche. Aquí se celebra anualmente la Misa de Navidad, con los creyentes de rodillas sobre el piso.

La estrella que marca el lugar del nacimiento de Cristo, en la Basílica de la Natividad
La estrella que marca el lugar del nacimiento de Cristo, en la Basílica de la Natividad

Una vez vista, quedé con Sophie para explorar el resto de la ciudad. Muy próxima a la Iglesia de la Natividad está la Gruta de la Leche. La tradición cristiana declara que es el lugar donde la Sagrada Familia encontró refugio durante la matanza de los inocentes, antes de que pudieran huir a Egipto. El nombre se deriva de la historia de que una gota de leche de la Virgen María cayó en el suelo de la cueva y ésta cambió su color a blanco.​ En el lugar se construyó una iglesia bizantina alrededor del siglo V, de la que solo quedan parte del mosaico en el piso de la actual iglesia católica. La estructura actual fue levantada en 1872.

La Basílica de la Natividad, el lugar de nacimiento de Jesucristo
La Basílica de la Natividad, el lugar de nacimiento de Jesucristo

El muro de la vergüenza

Desde aquí fuimos hacia el largo muro que separa Palestina de Israel y que está decorado con grafitis que denuncian la ocupación israelí en el país y el trato que dispensan los soldados israelitas a los ciudadanos palestinos. El famoso muro, se empezó a construir en 2002 tras los ataques suicidas de terroristas palestinos en Israel. Los hebreos se cansaron y decidieron cortar por lo sano, construyendo un muro que impidiera el libre tránsito de los palestinos hacia el territorio israelí.

Aún no voy a entrar en las connotaciones éticas que esto conlleva pero los palestinos lo llaman ‘Il yidaar il fasel’ (el muro de separación); los israelíes se refieren a él como barrera de seguridad; y los activistas lo califican de “muro del apartheid”. La construcción de un muro para separar dos estados parece algo de otra época.

Esta barrera tiene en la práctica unos 700 kilómetros, se extiende por Cisjordania, rodea Jerusalén y ocupa el 85% del suelo palestino. En algunos puntos de su trazado es una impresionante pared de hormigón y en otros, una valla electrificada que ha confiscado tierra palestina y ha creado de facto una nueva frontera.

"Haz hummus y no muros", una de las partes del muro más reconocidas
«Haz hummus y no muros», una de las partes del muro más reconocidas

Es una de las caras más visibles e impactantes de la ocupación israelí, ya que el muro ha separado familias, pueblos y ciudades, ha cambiado la forma de vida de los palestinos y los ha aislado entre ellos. Muchos han perdido sus trabajos y los niños han tenido que dejar los colegios a los que iban.

Trayectos entre dos ciudades palestinas relativamente cercanas, como Belén y Ramallah, ahora se transforman en horas en la carretera. De hecho, me quedé con muchas ganas de ir a Ramallah por la situación tan traumática que viven allí los palestinos. El caso de apartheid más patente en el siglo XXI. Un proyecto colonial, ya que solo 800 colonos israelitas viven ahí y el resto -más de 25.000- son palestinos. Pese a la diferencia tan significativa, la autoridad israelí es la que tiene todo el control en esta zona.

Hay cuatro checkpoints que revisan diariamente quién entra y sale de esta zona. A su vez, los israelitas sí que pueden andar libremente por toda la ciudad. El Casco Antiguo, que hace un par de décadas rezumaba frenesí, alegría y mucha vida, está desértico, parece una ciudad fantasma, ya que los palestinos debieron cerrar sus negocios y mudarse a otra parte de la ciudad. Todo esto lo sé porque lo leí antes de ir y por que me lo contó más de una persona. Hubiera sido una experiencia vital interesante pero me faltó tiempo para verlo.

Visita al museo Walled Off Hotel

Volviendo al muro que tenemos en Belén, recorrí la parte más representativa, la de los icónicos grafitis de Banksy. El del palestino encapuchado enfrentándose a la policía con flores, el guardia junto a la niña, dos ángeles, el de Muhammad Ali…y otros muy interesantes como el de Alicia en el País de las Maravillas, el de Messi con el tradicional pañuelo palestino, el de Raquel (una niña palestina que se abofeteó a un soldado israelí y fue arrestada y mandada a la cárcel durante seis meses)…y compré una camiseta para mi padre con el famoso mural de “Make hummus not walls” (Haz hummus, no muros) en una de las pocas tiendas que aceptaba tarjeta. Adaptarse (al turista) o morir…

Y entré en el “Walled Off Hotel”, o como lo calificaba The Guardian en un artículo, el hotel con la peor vista del mundo. Aquí se puede conocer más de la historia de esta rivalidad centenaria y ver el sufrimiento de los palestinos. Cuenta con cinco salas y tiene un sesgo pro palestino muy marcado. Las primeras nos hablan sobre cómo se formó el estado de Israel, con vídeos, testimonios y cómo fueron apoyados por los británicos para que ocuparan parte del territorio que hasta ese momento habían ocupado los palestinos.

Es cierto que, en defensa de Israel, esta comarca había sido suya hace muchos siglos, pero por la diáspora y otros motivos, la habían abandonado. Fue tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el fin del Holocausto cuando muchos de ellos decidieron volver a la que consideraban su casa, donde estaba el origen del pueblo israelí. Si bien, esta zona ya estaba habitada por Palestina. La cuestión que se presenta es, ¿hasta cuándo puedes reclamar una tierra como tuya cuando te has ido durante siglos? Este tema no se aborda en el museo, se omite a propósito.

Según avanzamos, vemos cómo se empieza a formar el muro y los requisitos que se demandan a los palestinos que deseen cruzarlo. Asimismo, leemos declaraciones de representantes de las Naciones Unidas que consideran a todas luces ilegal la construcción de este muro de la vergüenza y el trato que reciben los palestinos.

Una de las salas del museo del Walled off Hotel en Belén.
Una de las salas del museo del Walled off Hotel

En la tercera sala podemos ver un vídeo del documental “5 Broken Camara”. A partir del 2005, el granjero palestino Emad Burnet graba la resistencia de su aldea (Bil’in) ante el avance de los asentamientos israelíes. En 2011 ganó el Emmy, un premio en el Festival de Sundance y fue nominado al Oscar. De repente escuchamos un teléfono que no deja de sonar hasta que lo cogemos y escuchamos lo siguiente: “Llamo de la inteligencia israelí. Vamos a bombardear su casa, salgan de ella. Tienen cinco minutos antes de que el misil llegue”. Solían ser advertencias verídicas y otras veces falsas. No se sabía nunca a ciencia cierta pero vivir con ese miedo en el cuerpo debe ser un drama.

Hay cientos de casos donde los israelíes han abusado de los palestinos y eso es precisamente lo que denuncia este museo. Banksy quiso que se edificara justo aquí para que tuviera las peores vistas posibles. Un horizonte que diera justo al muro de hormigón -de entre 8 y 10 metros de altura- y a los puestos de vigilancia israelí.

En la cuarta sala vemos imágenes de la guerra de Gaza y objetos representativos como redes, cubos y rastrillos con los que juegan los niños. Nos informamos de cómo están de limitados los palestinos que viven en esta área: la ayuda médica, comida y otros recursos está muy restringida y el acceso y la salida es muy complejo. Un confinamiento.

Pese al partidismo que desprende el museo, la realidad debe ser bastante similar. Pocos son los casos en los que los palestinos hacen sufrir a los israelíes…El hecho de pasar controles constantemente en infinidad de territorios que hasta hace unas décadas eran suyos; la destrucción de hogares para construir el muro, la pérdida de tierras de las que se va adueñando el estado israelí con el paso del tiempo…a lo mejor no es tan fehaciente el hecho de que los apaleen, escupan o maltraten en las fronteras (checkpoints)…y quizás eso solo ha ocurrido esporádicamente pero la sensación de vivir oprimidos, encarcelados sin estar en una cárcel sí que creo que la pueden tener.

Por lo que yo presencié, la entrada en Jerusalén -viniendo desde Palestina- es un proceso rápido y tranquilo. Les hacen bajarse del autobús, se ponen en fila india y muestran el pasaporte o el documento acreditativo que les permite entrar en el país. Entiendo que lo que más les incomode sea el hecho de sentirse diferentes al resto de pasajeros por el hecho de tener nacionalidad palestina e ir a lugares que hasta hace uno mucho les pertenecían. Sin ir más lejos, los palestinos consideran a Jerusalén como su capital.

Vuelta a Jerusalén

Me despedí de la chica alemana y volví al hostel para recoger mi mochila e ir a Jerusalén. El problema es que desde el muro no fue nada fácil encontrarlo. Pregunté y la gente no reconocía este sitio, ni enseñándolo en el mapa…ni siquiera un taxista con el que negocié y le enseñé la foto de una mezquita cercana. Me monté, le dije que me estaba llevando en otra dirección y me bajé (sin pagarle, claro). Se dio por vencido porque no era capaz de encontrar el lugar.

Resulta que en Palestina muchas calles no tienen nombre sino un código o una secuencia de números y así las identifica la gente. Finalmente, encontré a una señora muy amable que estaba dispuesta a ayudarme. Supo cómo llegar y no me cobró nada. Fue muy servicial. Le agradecí la ayuda, me ofrecí a pagarle pero no quiso cobrarme nada. Aquí sí que pude comprobar la hospitalidad palestina de la que hablan… Realmente, supongo que depende de cada persona y nunca se puede generalizar porque los taxistas intentan engañarte constantemente e incluso gente aleatoria de la calle se ofrece a llevarte para ganar un dinero extra pero no te rebajan nada, al revés.    

Palestina es un país más bien pobre (y más si lo comparamos con su vecina Israel) pero por otro lado no percibí ninguna inseguridad. Y seas un cristiano practicante o no, es muy probable que te hayas criado en esa cultura, por eso considero que es un destino que habría que visitar al menos una vez en la vida.

Categories:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *