Atardecer en la bonita playa de Tel Aviv

Qué ver y hacer en Tel Aviv

El vuelo entre Cracovia y Tel Aviv duró cerca de cuatro horas y los trámites para entrar en el país fueron bastante más fáciles de lo que me habían contado –como suele ocurrir casi siempre-. En el control de pasaportes me hicieron unas preguntas muy breves: ¿por qué había ido a Israel?, ¿si conocía a alguien?, ¿si ya había estado?…poco más. Y yo les insistí en que no me sellaran el pasaporte porque luego iría a Jordania. Me dieron una especie de cartulina blanca que funciona como un visado y que debía mantener conmigo en todo momento mientras estuviera en el país.

El asunto del pasaporte es capital porque si te lo sellan, ya no puedes entrar en los países vecinos, que son musulmanes. Terminado el proceso, cogí el tren hacia la ciudad. El billete cuesta unos 4€ y se adquiere pagando en las máquinas que están a la salida del aeropuerto. En 10 minutos llegué a Hala-Agana. Y caminé otros cinco minutos hasta la estación principal de autobuses. Desde ahí, en la cuarta planta, esperé a que viniera el autobús local, que debía dejarme cerca del hostel. Estaba siguiendo las instrucciones que me habían dado. No obstante, el autobús se marchó justo cuando yo llegué, por lo que me tocó esperar más de media hora hasta que cogí el siguiente.

Y llegó el primer contratiempo del viaje. No tenía la tarjeta Rafag, la necesaria para efectuar el pago. Se recarga y cada vez que realices un viaje se va descontando. Es bastante útil porque con cada uso hay descuentos. Era de noche y no había podido comprarla en ningún sitio, pero se lo expliqué al conductor, me ofrecí a pagarle con monedas y me dijo que no hacía falta…por fin localicé mi alojamiento y esa misma noche salí de fiesta con los demás extranjeros. Recomiendo el hostel Florentine porque es muy fácil conocer gente y hay un muy buen ambiente. Me lo había recomendado mi amigo Manu y no se equivocaba.

Mientras hacíamos una parada de rigor –el pub crawl tiene varios sitios a los que acudir- me comí el primer falafel con hummus. Sería la primera vez de muchas. Me gustó, para estar compuesto solo de vegetales y no de carne o pescado; y el hummus también. Es una especie de puré de garbanzos, pero lo untan con todo, es el sustituto de la salsa de ajo o yogurt.

Después fuimos a Alma Kula y a Breakfast. Estaban bien pero las chicas israelitas no se dan mucho a interactuar. Lo que más me sorprendió es que hubiera una gran cantidad de jóvenes un día entre semana, tanto el martes como al día siguiente. Y los precios, claro. Qué decir de ellos…7€ la cerveza más barata. ¡Más caro que Inglaterra o Francia!…menos mal que me encontré otra en una mesa –entera- y que el chico del hostel nos invitó a chupitos. Volví a casa solo, lo cual no supuso mayor problema por mi excelente orientación.

Jaffa, el tesoro de la ciudad

Al día siguiente, tras un espectacular desayuno (tostadas untadas con salsa de tomate, hummus, nocilla…leche) fui al viejo puerto de Jaffa (uno de los más antiguos del mundo), un lugar que si bien ya no resplandece como hace siglos, aún conserva parte del encanto.

Uno de los rincones de Jaffa, el bonito barrio de Tel Aviv
Uno de los rincones de Jaffa

Se considera que el lugar original data de la Edad de Bronce. Hoy en día hay más barcos para salir a navegar que para pescar; y más turistas que lugareños. No obstante, es una visita obligada porque es la parte más vieja de la ciudad y hay algunos hechos históricos que acaecieron aquí.

Por Jaffa pasaron los egipcios y la histórica ciudad es mencionada en la Biblia y en la Torá judía. También fue ocupada por los babilonios y destruida por los romanos durante la Gran Revuelta Judía del año 66. Después estuvo administrada por Bizancio y vivió la ocupación musulmana, de los cruzados y de Saladino. En siglos posteriores estuvo bajo el control de los cristianos y los otomanos, y fue atacada y destruida por Napoleón en 1799.

De Jaffa salieron en 1909 las primeras familias hebreas que en las cercanías fundaron la ciudad de Tel Aviv, y con posterioridad, durante el mandato Británico, en Jaffa se vivieron diversos conflictos entre árabes y judíos. Una vez declarado el estado de Israel, la ciudad fue el destino de miles de judíos procedentes de Europa, y en 1954 se convirtió en parte de la municipalidad de Tel Aviv, de forma que ahora es conocida como Tel Aviv-Jafo.

Una de las postales de Tel Aviv, con su playa y sus rascacielos al fondo.
Una de las postales de Tel Aviv, con su playa y sus rascacielos al fondo.

Y después de esta lección de historia, os voy a contar qué vi mientras paseaba por el barrio: galerías de arte dentro de algunas casas, restaurantes, cafés, alguna pequeña iglesias ortodoxa griega, tiendas de souvenirs y la iglesia de San Pedro, del siglo XVII. También se encuentran en esta zona la Torre del reloj, el Puente de los Deseos (que dice que tocando tu signo del zodiaco y mirando hacia el mar, harás realidad tu anhelo), un mercadillo muy popular pero que me decepcionó bastante…

El añejo puerto de Jaffa, uno de los lugares más visitados de Tel Aviv.
El añejo puerto de Jaffa, uno de los lugares más visitados de Tel Aviv

Me gustó mucho más el Mercado del Carmel, lleno de sabores y colores. Ropa, souvenirs, especias, chucherías, gastronomía de todo tipo (más bien cara)… y es que no me cansaré de reincidir en ello, los precios son desorbitados. Y no encontré, por desgracia, una bufanda del Maccabi. Solo vi de fútbol y yo quería del 6 veces campeón de Europa de baloncesto.

La economía israelí

La noche anterior, el chico del hostel con el que salimos, me contó que su generación estará arruinada, sin ahorros, dentro de 50 años. No sé si hasta ese punto llegarán, pero sí que los precios en general eran excesivamente caros. No obstante, los salarios deben ser muy altos porque no es un país que viva expresamente del turismo, aunque éste ha aumentado en los últimos años exponencialmente: atrajo a 3,6 millones de turistas extranjeros en 2017, con un crecimiento del 25 por ciento desde 2016; y contribuyó con 20 mil millones de NIS a la economía israelí, convirtiéndolo en un récord histórico​. El sitio turístico más popular es Masada, del que os hablaré en otro post​.

El sector más desarrollado es el tecnológico y según los datos que recogí, la divisa nacional, el shequel, se ha revalorizado frente al euro un 14% en los últimos años. Vivir en Israel es un 20% más caro que en España, cuyo coste de la vida viene a coincidir con la media de los países de la OCDE, aunque el salario mínimo ronda los 1.200 euros mensuales.

Pagar 9-10€ por un shawarma (un kebab) es de locos. Y así con casi cualquier cosa. Ya he mencionado la cerveza…y una copa incluso más. Ni siquiera quise preguntar. Eso sí, el transporte público entre ciudades no es caro y el local tampoco. Digamos que lo que sube más son los lujos: el comer fuera de casa, salir de fiesta…una buena parte del presupuesto de cualquier ciudadano, por otra parte.

Mercado del Carmel, el más popular de Tel Aviv
Mercado del Carmel, el más popular de Tel Aviv

Tras dejar el mercado busqué una plaza con una vista que había visto en Instagram. Había una proyección sobre la historia de Israel pero debía esperar 10 minutos porque en ese preciso momento empezaba en hebreo. Eché la foto que quería y me fui en busca de la Plaza Habima, también conocida como “La Plaza de la Orquesta”, el hogar de una serie de instituciones culturales como el Teatro Habima, el Palacio de la Cultura y el pabellón de arte contemporáneo Helena Rubinstein. La plaza se encuentra en la intersección de los bulevares Rothschild, Hen y Ben Zion y la calle Dizengoff.

La agradable playa de Tel Aviv

Empezaba a anochecer y veía que el mi ansiada foto desde la playa con el sol cayendo se me iba a esfumar. Y así fue, pese a que anduve con frenesí, cuando llegué ya me había perdido el bonito atardecer. Sin embargo, logré echar alguna foto más que decente. Caminé hasta el nuevo puerto (con menos encanto que Jaffa, claro) y paseé por la playa mientras observaba a chicos y chicas hacer gimnasia, jugar a volley…en una zona muy agradable. La playa siempre es un plus para cualquier ciudad y aquí son de muy buena calidad.

La playa de Tel Aviv al atardecer.
La playa te Tel Aviv al atardecer, un sitio muy agradable por el que pasear.

Ya refrescaba y yo seguía sin tarjeta para usar en el autobús por lo que opté por caminar hasta el hostel. Había más de 4 kilómetros…llegué, exhausto pero llegué. Y no me iba a quedar sin salir una noche más pese a la fatiga. Tenía claro que serían mis únicas noches de ocio a lo largo del viaje que me esperaba, porque contaba con que en Jordania no se vendía alcohol ni había oferta de ocio nocturna; así como en el resto de destinos que pisaría.

Fuimos donde la noche anterior, primero al bar de chupitos -que estaba vacío y no pedí nada- y luego al Kuli Alma. Poco mercado donde fichear, por lo que pedí una cerveza y volví al hostel pronto.

La sensación que me dejó Tel Aviv es que es una ciudad moderna, fresca, muy occidental (de hecho el festival de Eurovisión se celebraría aquí en unos meses), y donde apenas hay rastro del judaísmo. No se ven sinagogas ni judíos ortodoxos con las características barbas pobladas y los rizos a los que estamos acostumbrados. Esperaba algo así, por lo que me habían contado. La verdadera Israel debía estar en Jerusalén, la ciudad santa, la cuna de las tres religiones monoteístas.

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3 Responses

  1. Los judíos con barbas, tirabuzones, vestidos con levitas negras y demás son ortodoxos

  2. Supongo que màs en Jerusalén. Tel Aviv representa, en aquel contexto, lo moderno, la “occidentalizacion”. O sea, lo contrario a los valores de los judíos ortodoxos…

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